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miércoles, 16 de marzo de 2011

Die Chocotoñi, Die


Si, si, han vuelto los buscadores de sangre a la escuela. Y yo, sediento de chocotoñis, he vuelto a donar 7 años luz de sangre con la ilusión de recibir una remuneración proporcional en forma de miles de chocotoñis.

Sin embargo, una vez me hubieron dado un par de navajazos, accedí a la plataforma alimentaria y la visión de aquello fue apocalíptica. No, no es que no hubiera chocotoñis, eso hubiera sido decepcionante pero mantendría la esperanza de cara a futuras donaciones. El problema es que habían mutado.

Las otrora delicias granadinas se tornan ahora en phoskitos cuadrados. Si, ya sabéis que, al igual que pasó con la Coca Cola, alguien ha encontrado la receta milagrosa de los phoskitos, y ahora todo el mundo los copia. La marca "Maritoñi" no ha sido menos y ha destruido las chocotoñis clásicas para dar cabida a este ilegítimo producto.

Esto solo puede tener una consecuencia... ¡GUERRA!




miércoles, 3 de marzo de 2010

Las Chocotoñis

El otro día estuvieron en la ETSII los vampiros. No, no Bracula, estuvo la Cruz Roja para que la gente de por allí donara sangre. Como suele pasar, a la enfermera le costó encontrarme la vena en el brazo. ¡Ya le diré yo la próxima vez donde tiene que pinchar! (Sí, soy ingeniero, pensador y humorista, un parto aprovechado).

Vosotros diréis "¡Que gran persona es Tobas, que dona sangre y todo!". Nah, yo veo a un tío en la calle desangrándose y le doy un trapo para que limpie la sangre. Vaya guarro, que vaya a morirse a su casa como todo el mundo. No, lo que a mi me interesa es merendar gratis. Allí suelen llevar unas cajicas de dulces, refrescos y "pulevas". Y dado que mi sangre vale más que la de naide, yo suelo arrasar con los bollos.

El producto estrella es, sin duda, la chocotoñi. Viene a ser un Maritoñi, pero de chocolate (de ahí lo de choco). Es lo que más. Hay quien, incluso, apina que tienen gusto a vino, aunque ese es un debate demasiado complejo para realizarlo aquí. No hay suficientes gigas en blogger para poder escribir todo lo que hay que decir sobre el presunto sabor a vino de las chocotoñis.

No parecía, cuando empecé a escribir este texto, que tuviera ningún objetivo, ni que hubiera algún desenlace. Pero si que lo hay. Cuando acabé de donar 7 u 8 litros de sangre, además de 3 riñones, me di cuenta de que no había chocotoñis. Me tuve que conformar con un par de repulsivas choco-cañas. Moraleja: antes de donar, mirad a ver que dulces hay, no vaya a ser que desperdiciéis vuestra sangre en salvarle la vida a algún desgraciado a cambio de nada.

Bueno, se acabó esta preciosa historia, que ha tenido de todo: princesas (las enfermeras, que más bien parecen infantas), dragones (yo, después de comerme dos chococañas, una maritoñi y un puñado de batidos) y, sobre todo, mucha sangre. En el próximo programa os hablaremos de las palmeras. ¿Realidad? ¿Leyenda Urbana? ¿Alucinación colectiva? ¿Palmeras? Lo sabremos la próxima semana, a la misma hora y en este mismo canal.

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