sábado, 2 de septiembre de 2017

Mi equipo Pokémon


Aunque hoy en día, Pokémon es conocido por una aplicación para móviles que ha convertido la marca en una burla, y anteriormente ya era conocido por una serie de animación de dudosa calidad, lo cierto es que, en su nacimiento, Pokémon era un videojuego realmente especial, distinto, y bastante mágico. En su momento, y en el lugar correcto, escribiré alguna reflexión sobre las bondades de los videojuegos de Pokémon para Game Boy.

Pero hoy quería recordar mis equipos Pokémon de las ediciones Roja y Oro, que son las que yo tenía de jovencito. O mi equipo, en singular, porque, finalmente, todos se unieron en Pokémon Stadium 2 para pelear juntos contra incontables enemigos. Y es que, recientemente, encendí mi Game Boy e introducí la edición Oro de Pokémon. Pero me di cuenta de que mi partida había sido borrada. Quizás, quien sabe, la borré yo mismo para llevar a cabo alguno de esos experimentos que existían para encontrar a algún Pokémon Legendario. Quizás, mi equipo de Pokémon esté guardado en el cartucho de Pokémon Stadium 2. Sí, con suerte, allí estarán aún mis amadas 12 criaturas, a las que entrené utilizando muchas horas de mi tiempo. Pero, por si acaso, por si ya no existen, quiero escribir este post en mi blog personal, intentando recordar a mis bichos, lo bueno y lo malo que tenían. A continuación, dejo un listado de ellos, a ver si recuerdo los ataques de cada uno (un ejercicio de memoria sobre algo que ocurrió hace poco menos de 20 años).

1. Blastoise

Yo probé Pokémon en un emulador de Game Boy. Tenía algo especial. En realidad, muchas cosas. Como decía antes, otro día hablaré de ello. Pero el caso es que, pronto, quise jugar al juego en el formato para el que había sido creado: una consola portátil.

En primera instancia, en el emulador, elegí la versión azul de Pokémon, porque Squirtle me parecía muy mono. Soy así de 'moñas'. Pero, cuando fui a comprar el juego al Alcampo, no quedaba Pokémon Azul en el stock, tan solo la versión Roja. Tampoco me importó mucho, en realidad. Aunque Charizard era el protagonista de la caja, me llevé esa edición.

A pesar de tener la edición roja, elegí a Squirtle. Era mono, y me gustaban más los Pokémon de agua que los de fuego. Quizás, teniendo a Brock y Misty como primeros jefes de gimnasio, la elección de un Pokémon de fuego no era la más indicada. Sí, parece una estrategia muy corto-placista. Pero más allá de discusiones, me molaba la tortuguita, no le deis más vueltas.

Squirtle me acompañó durante la aventura principal de Pokémon Rojo, y siempre fue el líder del equipo. Aunque fue pronto superado en poder por otros miembros, sobre todo los legendarios, siempre estuvo ahí para cumplir con su función, y era el encargado de permitirnos nadar mediante la técnica Surf, que era, además, su ataque más efectivo. Tenía la Hidro Bomba como golpe más poderoso, aunque tendía a fallar demasiado, así que Surf seguía siendo su principal baza en combate. Sus otros dos ataques, si no recuerdo mal, eran Mts: Excavar, que siempre podía ser útil estratégicamente; y un golpe físico para cuando el agua no sirviera. Este ataque podía ser Retroceso, si mi memoria no me falla.





2. Raichu

En aquellos tiempos en los que empezaba a jugar a Pokémon, ni siquiera había llegado la serie de animación a España, aunque poco le faltaba. Existía algo especial en Pikachu, que luego sabría que era el protagonista de esos mediocres dibus.

Con mi guía de entrenador Pokémon, iba asegurándome, por todas las zonas de la aventura que recorría, de atrapar a todas las especies que existían por ahí. Me tomaba mi tiempo antes de seguir adelante con la misión de ganar medallas de gimnasio. Y Pikachu era de los primeros animalillos en aparecer, en zonas en las que no había ninguna bestia útil para el equipo: mucho gusano y ratas.

Le cogí cariño a mi Pikachu; fue muy útil para derrotar a Misty en el segundo gimnasio. Los peces de la chica no fueron rivales para las técnicas eléctricas del pokémon más famoso. Y desde entonces, acompañó a ese Squitle, que iba evolucionando, como miembro permanente del equipo. Eso sí, le hice evolucionar rápido con una piedra eléctrica, puesto que quería conseguir todos los pokémon cuanto antes. Es cierto que no es una buena estrategia para sus estadísticas a largo plazo, pero así fue. Mi Pikachu se convirtió en un Raichu en poco tiempo.

A pesar de que, en números, seguro que era mi Pokémon más débil a nivel 100, lo cierto es que el bicho tenia participaciones muy serias en las batallas que disputamos contra personas, ya sea a través de la Game Boy, o en Pokémon Stadium 1 y 2. El tipo se convirtió en un gran 'underdog'.

Rayo era el ataque preferido de Pikachu, y Trueno el más poderoso, aunque tenía ese peligro de fallar. Tenía, la rata amarilla, otro par de ataques bastante irrelevantes. Uno debía ser físico, quizás excavar, quizás retroceso, quizás ataque rápido, para asegurarme de atacar primero. En cuanto al último ataque, si no recuerdo mal, acabé poniéndole uno del tipo acero, Cola Férrea, ya en Pokémon Oro. Así tenía algo de aquel tipo.





3. Articuno

Articuno fue el tercer Pokémon fijo de mi equipo. De las aves legendarias, esta fue la que más me gustó. No soy muy fan de Zapdos ni de Moltres, pero Articuno mola mucho, así que me quedé con el pájaro de hielo. En cuanto lo encontré en una mazmorra, comenzó a causar el caos, junto a Raichu y Blastoise, y los otros bichos temporales que llevara en mi cinturón de Pokéballs. En la Liga Pokémon, frente al jefazo final, que era especialista en Pokémon del tipo dragón, resultó totalmente clave.

Después de la aventura principal, en las batallas frente a humanos en Pokémon Stadium, Articuno siempre resultó, también, muy fiable. Era todo un seguro de vida. Como los otros dos, tenía dos ataques de su tipo, el hielo: uno muy poderoso (Ventisca), y otro muy certero (Rayo Hielo). También tenía la máquina Vuelo, que era imprescindible para seguir moviéndose por el juego, y no resultaba un mal ataque del todo; y un cuarto ataque, que no recuerdo en absoluto.





4. MewTwo

Nada más superar el modo historia y derrotar a la Liga Pokémon, en Pokémon Rojo el jugador tenía la posibilidad de entrar en una nueva mazmorra, en la que, en última instancia, podía encontrar al Pokémon más poderoso de todos los tiempos: MewTwo, el número 150. Su poder era demasiado grande. Ni Mew, ni Lugia, ni Ho-Ho, ni nadie, podía hacerle frente, así que siempre era la última opción, por si las cosas iban mal.

Mi MewTwo tenía, como principal arma, el ataque Psíquico. Se trataba de un ataque poderosísimo, que no fallaba prácticamente nunca. También tenía Recuperación, para ganar vida, así como Rayo Hielo, y Rayo. Lo mejor de lo mejor, y de todos los tipos, aunque con Psíquico tenía de sobra.





5. Nidoqueen

Con los 4 Pokémon mencionados como miembros fijos de mi equipo, y con la intención de cerrar las 6 posiciones para afrontar mayores retos, pensé en entrenar otros dos guerreros. Me tiré, en esta ocasión, por algo mucho menos comercial.

Pensé que algo del tipo Tierra o Roca me vendría bien. Elegí Nidoqueen, la versión hembra de esta raza. No llegó a resultar especialmente importante en ninguna lucha, pero se esforzó al máximo, y sirvió de apoyo a sus compañeros, intimidando a sus rivales con Terremoto y Avalancha. También debía tener el ataque Mega Puño, y alguna cosa más de tipo Veneno.





6. Venusaur

Quedaba una plaza por cubrir, y pensé que un animal de tipo planta me vendría bien. En realidad, no recuerdo si entrené primero a este o a Nidoqueen, pero no creo que eso importe. El caso es que tenía unos preciosos y pequeños Charmander y Bulbasaur, que había obtenido al llevar a cabo intercambios con mi hermano. Y debía entrenarlos para que evolucionaran hasta sus formas finales, con el otro gran objetivo del juego en mente (“Hazte con todos”). Ese objetivo fue logrado, pero todavía quedaba el segundo: crear un poderoso e imbatible equipo de 6 bichos de nivel 100.

En la serie de dibujos de Pokémon, Charizard tiene un papel interesante. O al menos interesante dentro de lo mala que es la serie en sí. Pero a mí no me gustaban mucho los Pokémon de fuego, y menos si son voladores también. Un mal rayo podría acabar con ellos sin dificultad. Por eso, preferí a Venusaur sobre Charizard, y le entrené.

Aunque el Látigo Cepa es muy útil en los dibujos, como ataque en el juego era bastante inútil. Así que desapareció. El ataque estándar de tipo planta de Venasuar fue el Hoja Afilada, y Rayo Solar se mantuvo, preparado para los momentos especiales. Para hacerlo, había que perder un turno de preparación, así que utilizarlo era bastante arriesgado. Al igual que en el caso de Blastoise, a mi Pokémon de tipo planta le enseñé la máquina técnica Retroceso, que no era mal ataque, y podía intimidar al rival. Como cuarta opción, Venasaur contaba con Corte, aunque tenía más utilidad en el juego que en los combates.





7. Ho-Ho

Los siguientes Pokémon son los que entrené en Pokémon Oro. Quizás algunos de los anteriores también completaron su entrenamiento en este juego, o como mínimo, consiguieron alguna máquina técnica en él. De esta edición tengo un número de recuerdos muy inferior al que tengo de Pokémon Rojo, porque era ya adolescente, y a esas edades, las neuronas son derrotadas por las hormonas. Pero sí que tengo la consciencia de haber sido muy impresionado por un cartucho de 8 bits, programado por uno o dos hombres, pero con una complejidad inmensa.

No debí quedar muy impresionado, eso sí, por los Pokémon iniciales, porque ninguno acabó en mi equipo final. Recuerdo haber elegido, de nuevo, el de tipo agua. No recuerdo su nombre, pero creo que era un pequeño cocodrilo muy dulce. Aunque luchó valientemente durante la aventura, su inclusión en el equipo oficial, en el que ya estaba Blastoise, no tenía sentido.

Los que sí que me quedé fueron los dos Pokémon legendarios principales del juego, Ho-Ho y Lugia. Me temo que, al comprar el Oro, perdí la oportunidad de tener un Lugia mucho más poderoso, porque en esta edición, Ho-Ho se consigue mucho antes, con nivel 30, mientras que Lugia se consigue con nivel 70, y eso implica menos margen para entrenarle y hacerle más fuerte. Pero, sí que tenía un fuerte Ho-Ho.

Por un motivo u otro, insisto en que no soy muy fan de los Pokémon de tipo fuego, pero un todopoderoso Ho-Ho legendario, no está de más en un equipo. Lanzallamas y Llamarada eran sus principales ataques de tipo fuego, y también tenía Recuperación, que siempre es muy útil. Cómo cuarto ataque, Ho-Ho debía tener algo de tipo vuelo, aunque no recuerdo qué. Quizás fuera la MO Vuelo.





8. Lugia

En Pokémon Oro, Lugia se conseguía con nivel 70, después de haber terminado la aventura. Eso hacía a mi Lugia más débil que el de mi hermano, que tenía Pokémon Plata, pero seguía siendo muy fuerte, así que se unió a mi segundo equipo.

La combinación de los tipos Psíquico y Volador es interesante, porque Lugía tenía los ataques Psíquico y Recuperación, que son fantásticos, pero también tenía la técnica Aerochorro. Al ser de doble tipo, podía mostrar todo su poder con Aerochorro, lo que suponía una ventaja frente a MewTwo, aunque el poder de su ataque Psíquico era menor.





9. Alakazam

Me gustó tanto el tipo psíquico con Mewtwo, que acabé entrenando a otro Pokémon de esa clase. No sé si era la política más inteligente, pero es que el ataque Psíquico es un seguro siempre. Probé a entrenar un Psiduck/Golduck, pero me di cuenta que, al menos por entonces, solo era de tipo agua, y aunque aprendía algunos ataques de tipo Psíquico, él no tenía ese tipo, así que sus golpes no resultaban tan poderosos.

Quise entrenar a un Alakazam. No resultó tan poderoso como MewTwo, pero no estaba mal. Tampoco tenía tanta resistencia como aquel. Servía como apoyo, pero poco más. Conocía los ataques Psíquico, Psico-Rayo, Recuperación (creo) y algún ataque físico más.

Es posible que no entrenara a Alakazam en Oro, sino en Rojo. Quizás fue Venusaur el que entrené en Oro en su lugar. No tendría mucho sentido entrenar a Alakazam teniendo a Lugia y MewTwo. Pero no puedo recordar estos términos.





10. Snorlax

Siempre me gustaron Snorlax y Dragonite, así que ahora que tenía más puestos que cubrir, decidí entrenarlos. Mi hermano hizo lo propio con unos poderosos Tiranitar y Blissey. El primero era muy duro, y el segundo, era casi inmortal, con una vitalidad inmensamente grande, y una técnica Recuperación que le convertían en un grave problema.

No obstante, si hay algo que no le gusta a un Pokémon de tipo Normal, es un ataque de tipo Normal. Una vez que tuve a Snorlax y Dragonite entrenados con un buen Hiper Rayo, Blussey de convirtió en pan comido.

Snorlax molaba mucho. Tenía ese poderoso Hiper Rayo, que requería un descanso en en turno siguiente, así que debía ser definitivo, o no usarse. También tenía un potente Golpe Cuerpo, Recuperación y Descanso. Era una buena pieza en el ajedrez.





11. Dragonite

Siempre me han gustado los dragones, y me alegró entrenar a un Dragonite. Es un bicho casi legendario, mola un montón. Lo vi en la serie de dibujos, y me impresionó bastante. Quizás sea mi Pokémon favorito.

Dragonite tenía Hiper Rayo. Aunque es un ataque que tienen todos los dragones, es del tipo normal, así que el de Dragonite no era tan fuerte como el de Snorlax. No recuerdo el resto de ataques que tenía mi dragoncito, pero no debían ser originalmente sullos. Mega Puño debía ser uno de ellos,  y quizás Rayo o Rayo Hielo, pero no lo recuerdo en realidad.





12. Raikou

Tenía 11 Pokémons de nivel 100, y no tenía ni idea de qué otro miembro unir a ese equipo doble. Opté, finalmente, por Raikou.

Ya tenía un Pokémon eléctrico, que era Raichu, pero entre nosotros, no estaba preparado para grandes batallas, a pesar de que no lo hizo mal cuando tuvo que dar la cara. Para completar mi equipo con un eléctrico algo más potente, comencé a entrenar a uno de los Perros Legendarios, Raikou. Quizás hay quien piense que tener a un equipo con tantos legendarios es trampa, pero bueno, a mí me daba igual, era muy joven. En cualquier caso, podía también formar un poderoso equipo no-legendario con Blastoise, Dragonite, Snorlax, Raichu, NidoQueen, Venusaur y Alakazam. Incluso me sobraba uno.

La inclusión de los Perros Legendarios en Pokémon Oro y Plata es una de las grandes genialidades que hay en ese juego. Aparecían y desaparecían en cualquier parte del mundo, y perseguirlos se convertía en una epopeya. Era necesario tener un mapa de aquellos en los que se podía ver sus posiciónes, y la Máquina Oculta Vuelo, para poder tener alguna opción de encontrarlos.

Mi Raikou molaba, aunque cuando lo usaba, sentía que traicionaba, en cierta medida, a Raichu. También tenía los ataques Rayo y Trueno, aunque con más poder que los de la rata amarilla. Creo que su siguiente ataque era Mordisco, por meter algo Siniestro en el equipo, y supongo que algo más que no recuerdo.





Esos son los 12 animalitos que llegué a entrenar a tope. Jugué a alguna edición más de Pokémon, ya fuera en GBA o en Nintendo DS, pero ya era un poco mayor, no tenía la capacidad, ni el tiempo suficiente como para dedicarles cientos de horas como a los anteriores. Estos 12 Pokémon quizás pasen a la historia como los únicos que entrene jamás hasta el nivel 100, y por eso quería recordarlos, aunque ya se me hallan olvidado muchas cosas.

jueves, 11 de mayo de 2017

Pesadilla en Ciudad Cohete



Soy un amante de la narrativa, quizás por encima de cualquier otra cosa. Siempre he tenido en gran estima las buenas historias, pero soy consciente de que no solo importa el qué, sino también el cómo. Así, cada medio tiene una gramática, y el uso de la misma determina la capacidad de una historia para sublimar al que la disfruta.

En el ámbito de los videojuegos, la narrativa de verdadera calidad existe, pero está en constante tela de juicio. Comparada con las de otras formas de creación, como el cine, la literatura, los cómics o la televisión, la gramática de un juego incluye elementos técnicos y jugables que implican una mayor complejidad en su correcta aplicación. Así, dar importancia, o calidad, al aspecto narrativo, incluso en los casos en los que este es el objetivo principal, no siempre es fácil.

Soy muy fan de los géneros en los que se da gran importancia a la narrativa. Me encantaban las aventuras gráficas, aunque estas desaparecieron casi en su totalidad, y también los RPGs japoneses, que se han adaptado al mercado global de una forma tan obvia, que prácticamente tampoco existen ya. Sin embargo, los juegos de rol occidentales me resultan muy indiferentes.

Una de las cosas que más me gusta en un juego es la geografía, la definición de los países o ciudades, y las características de sus habitantes. Llegar a una ciudad o localización nueva, después de sufrir graves infortunios, para poder descansar y conocer gente, me resultaba muy gratificante. Y lo hacía especialmente en el que, aún hoy, sigue siendo mi juego favorito, Final Fantasy 7.

Algún día, y posiblemente en otro lugar, comentaré el motivo por el que Final Fantasy 7 es tan grande. Pocos procesos de racionalización al respecto se llevan a cabo de forma seria, y estos se limitan a decir que gusta mucho porque, simplemente, fue el primero en ser jugado. Sin embargo, aunque es valorable el hecho de que su historia sea mejor o peor que la de otros capítulos de la saga, como decía antes, el análisis de la conjugación entre el qué y el cómo dicta, en esta caso, como en muchos otros, la verdadera diferencia de calidad entre unas obras y otras.

Sin entrar en demasiado detalles, diría que uno de los aspectos claves en Final Fantasy 7 es el trabajo sobre sus personajes, sobre el pasado de cada uno de ellos, y su relación con su pueblo. Las ciudades y su naturaleza están diseñados de una forma fantástica y determinista, consiguiendo que ninguna de ellas sobre en un mundo que puedo recordar al completo, a pesar de haberlo recorrido hace 20 años. 

Las limitaciones técnicas de la época, no obstante, obligaban a que los emplazamientos fueran pequeños, y sus habitantes tuvieran un comportamiento limitado. Ahora podemos ver mundos enormes en los que aparece gente sin parar, con cierto nivel de libertad, pero entonces, había cuatro gatos, y siempre contaban lo mismo. Por eso, y en mi obsesión con ese juego, llegué a soñar una vez que vivía en una de sus ciudades, Ciudad Cohete, y que los habitantes se comportaran como en el juego real, diciendo la misma frase una y otra vez-

Fue una pesadilla dura, la verdad, aunque, al haber vivido en pueblos pequeños por temas de trabajo, puedo decir que es una experiencia cercana a la realidad de algunas localizaciones. Pero  resultaba verdaderamente desazonante. 

Aún así, viendo RPGs mucho más actuales con ciudades enormes, sin alma ni historia, solo colocadas geográficamente de forma conveniente, y con habitantes creados automáticamente, caminando como zombies, aún siendo millares, llego a echar de menos esos pueblecitos pequeños, y sus habitantes, a los que llegué a conocer, aún con sus limitaciones. Quizás esto sea extrapolable también al mundo real, y al hecho de haber vuelto a vivir en una gran ciudad. Creo que es una interesante reflexión. 


domingo, 5 de febrero de 2017

Sobre mis tonteos con Warhammer

Me gusta usar este blog para recomendar formas de entretenimiento o expresión que a mí me gustan. Creo que en todos los campos se puede hacer cosas muy interesantes, ya sea en formas culturales muy aceptadas como la literatura, o en formatos que normalmente serían considerados como mortadeladas de nivel alfa. La recomendación de hoy pertenece a este último conjunto.

Dentro de las formas de entretenimiento frikies, hay muchos niveles. En los niveles más altos de mortadelismo, hay cosas como juegos de rol, o Wargames, esos juegos de guerra con muñequitos. El Wargame más conocido es Warhammer. de Games Workshop, aunque hay otros muy buenos. Me gustaría mencionar los motivos por los que me parece algo que merece la pena ser probado.

Partimos de la base de que no es algo trivial meterse en este mundillo. Lo primero que te echa para atrás es el precio. El juego base cuesta una pasta, pero además, los ejércitos que incluye son básicos, y pueden ser extendidos con montones de figuras, ya sean de soldados, bestias o héroes. Realmente, puedes dejarte el sueldo en esto. 

Por otro lado, una parte importante de este hobby es la pintura. Las figuras no vienen pintadas, les tiene que dar color aquél que las compre, para customizar los ejércitos de la manera que quiera. Las figuras son muy pequeñas, así que pintarlas no es nada fácil. He estado haciendo fotos para este post a las que pinté cuando era joven, y me doy cuenta ahora de que, aunque entonces me parecía aceptable, son todas un desastre.

Si has sido capaz de pasar los filtros relacionados con el nivel económico, y con el talento artístico, tendrás que superar otros retos: tendrás que aprender a jugar. Warhammer es un juego de estrategia, como los de PC, pero con dados, con mil reglas, y con un montón de cosas que conocer y memorizar sobre tus propios ejércitos. O sea, que necesitas también cierto talento intelectual, además una mesa grande, y al menos a un amigo que sea tan mortadelo como tú.  

Entonces, podrás acercarte a la experiencia de jugar a Warhammer, aunque todavía estará a kilómetros de lo que se puede llegar a hacer por un experto. Yo tengo una pequeña experiencia jugando a esto, muy pequeña de hecho, que se remonta a mi adolescencia, por haber coincidido en el colegio con un compañero que había desarrollado esta afición, que ya existía en su familia. Y me gusta bastante el concepto, aunque ahora no quepa en mi agenda llevar a cabo todas las acciones que he enumerado antes.

Pero molaba, y mucho. No solo ya por jugar, sino por un elemento clave: el storytelling, el arte de contar una historia. Yo soy muy aficionado al storytelling, y lo disfruto bastante cuando es aplicado al arte de la batalla, de la lucha, la coreografía de combate. Y el universo Warhammer, ya extendido por novelas, videojuegos y todo tipo de cosas, es una cosmogonía enorme y muy interesante. No solo puedes contar historia de esa cosmogonía dentro de una batalla, sino que puedes crear la tuya propia, insertarla en tu propia cosmogonía, y ponerla en práctica. Me parece interesantísimo.

Una de las cosas que más me gusta, incluso más que jugar, es montar el escenario, montar un campo de batalla que sea geográficamente fiel al mundo y la región en la que tiene lugar la confrontación, y formar los ejércitos de la manera en la que la historia que has escrito rija. Eso sí, el resultado de la batalla queda abierto a los sucesos reales de la partida.

Creo que es una buena experiencia, es algo muy chulo, y, quizás, pueda ayudar a montar una historia realmente interesante, en la que la batalla sea solo una parte más. Lo recomiendo, a sabiendas de que va a costar que alguien se enfrente a todo esto. 

Por aquí dejo un par de imágenes de las figuritas que tengo pintadas, que están regular.





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